Con la Asamblea Constituyente paralizada y la proximidad del plazo fatal para presentar una nueva Constitución, que vence el próximo 14 de diciembre, el gobierno de Evo Morales se decidió por una solución de fuerza: reabrir las sesiones, suspendidas desde el 15 de agosto, en un liceo militar.
Se busca, así, escapar al cerco de grupos violentos que demandan que Sucre vuelva a ser capital plena -y no sólo simbólica- de Bolivia, lo cual es resistido por el oficialismo de izquierda.
La oposición ya anticipó el rechazo a sesionar en un cuartel, en medio de un aumento exponencial de la tensión politica. "Si logran reunirse, va a ser una reunión del MAS (el partido de Evo Morales), que va a aprobar una constitución del MAS", dijo el convencional opositor Ricardo Cueva.
Pero el gobierno parece dispuesto a doblegar a la oposición de derecha y aprobar una nueva Carta Magna antes de Navidad, apelando a la movilización popular. "Viva o muerta, me entregas la Constitución el 14 de diciembre", le habría dicho Evo Morales a la presidenta del cónclave, la campesina Silvia Lazarte.
A esto hay que sumarle el discurso del vicepresidente Alvaro García Linera, quien se refirió a la situación en un seminario organizado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO): "Inicialmente habíamos creído que era posible la reconstrucción del Estado mediante mecanismos de diálogo y pactos, y seguimos apostando a ello, pero la lógica de la razón y de la historia me hacen pensar que habrá de llegar a un momento de tensionamiento de fuerzas... Y creo que en el caso de Bolivia, este momento está más cerca de lo que parece".
A lo largo de la semana, estudiantes y empleados municipales de Sucre agredieron a indígenas al grito de "el que no salta es llama". Ahora, el enojo campesino provocado por esa ola de racismo está derivando en marchas hacia esa ciudad del sur boliviano y ayer centenares de campesinos comenzaron a masificar sus vigilias con amagues de bloqueos de ruta y amenaza de cerco.
"Estamos decididos a continuar trabajando aquí, aunque nos echen, aunque nos maten, vamos a permanecer en esta ciudad", declaró Lazarte. Y, en medio de una guerra psicológica, los ponchos rojos del combativo pueblo altiplánico de Achacachi, se declararon "listos para una guerra civil", mientras algunos de ellos partían hacia Sucre.